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Categoría: La voz silenciada
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Desde los primeros momentos de la conquista de la Isla, e incluso antes de ser conquistada, hay dos topónimos que aparecen reflejados constantemente, como son el de Atamarasaid y el de Atenoya (con el paso del tiempo pasarían a llamarse las actuales Tamaraceite y Tenoya).[1]

Antes de la conquista eran reductos de población autóctona, de suma importancia, demostrándolo el hecho de que Juan Rejón (uno de los primeros conquistadores): " ... salió con 300 hombres y 30 caballos a los campos de Tamarasayte, Tenoya y Arucas, destruyendo todos sus higuerales y sementeras, dando fuego a las casas de sus Lugares y haciendo prisioneros de todas las edades”.[2]

Tamaraceite, al igual que Tenoya, es un topónimo aborigen que ha ido modificándose con el paso del tiempo y que en su territorio iba a abarcar lugares tan distantes como El Toscón, San Lorenzo, El Llano de Santa Catalina, Las Rehoyas o los Barrancos que rodeaban la Ciudad, entre otros, y debido a ello todos esos topónimos llevaban la coletilla de Tamaraceite y así veremos San Lorenzo de Tamaraceite, El Toscón de Tamaraceite o el Llano de Santa Catalina de Tamaraceite, como expresión de aquella gran extensión que ocupaba Atamarazait.

En los primeros momentos, Tamaraceite, tenía el prefijo “a” y aparecía como Atamaraseid, luego lo encontramos como Atamarazaid, más tarde pierde el prefijo y aparece como Tamarazayte y otros similares, para adoptar el definitivo nombre actual bien avanzado el siglo XIX. Concretamente se hace definitivo a partir del año 1873, pues hasta aquel momento era normal encontrarlo escrito de diferentes maneras: Tamaraceyte, Tamarasaite.[3]

Es digno de reseñar la importancia que tenía el cantón de Tamarasayte en el contexto isleño, pues con ocasión del pacto entre los diez embajadores de la Isla de Canaria que se desplazaron a Lanzarote, el día 11 de enero del año 1476, para mostrar su arrepentimiento, por el asalto de los isleños a la Torre de Gando, a Diego de Herrera que era poseedor del Señorío de las Islas Canarias, se encontraba entre aquellos diez personajes isleños un tal Adeun de Tamarasayte, lo que demuestra el peso específico que tenía aquel cantón dentro de la Isla.[4]

En cuanto a Tenoya, va a destacar, no sólo por ser otro lugar de gran asentamiento aborigen, sino también por su importancia económica, tanto por sus abundantes aguas como por los más variados cultivos. Por ello tendremos a Tenoya, en un principio, como lugar fuertemente relacionado con la economía azucarera y a Tamarasayte, como fundamental lugar de paso hacia la zona noroeste de la Isla, viéndose por aquellas razones, rápidamente pobladas por los nuevos elementos venidos desde el exterior, una vez terminada la conquista de la Isla.

Algunos autores relacionan el nombre de Atamarasaid con el de “bosque de palmeras”, evidentemente la han relacionado con el fruto de la palmera canaria, al que llamamos támara, y al ser el Valle de Tamaraceite, en su origen, un gran palmeral del cual aún hoy nos quedan hermosos ejemplares, pues es lo más lógico que aquel valle fuera conocido con el nombre de las plantas que en él predominaban. Prueba de que el Lugar estaba profusamente cubierto de verdes palmeras son las crónicas de los primeros momentos de la conquista de la Isla: “...los cristianos procurábamos ir a mariscar, pescar y traer palmitos derribando más de doce mil palmas muy grandes y medianas sin dejar las pequeñas, por más de tres meses todas las semanas iban trescientos hombres de a pie con hachas y costales, y seis de a caballo para custodia a el pago de Tamarasaite”.[5]

Tamaraceite fue un cantón prehispánico de unas grandes dimensiones, cuya capital estaba situada en la Vega del mismo nombre.


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FIGURA 16: En verde podemos ver señalada la extensión aproximada del cantón de Tamaraceite.[6]


Su población explotaba el sector noroccidental de los Lomos de Las Palmas y La Isleta, ocupando una gran franja de terreno, situado entre los barrancos de Guiniguada y el de Tenoya-Teror[7], aunque yo me inclino que Tenoya formaba un cantón independiente situado entre el barranco últimamente mencionado y el Barranco de Jacomar, como lo demuestra el siguiente documento: “...Pedro de Vera atravesó los espesos palmerales de Tamaraceite, y salvando sin tropiezos la cadena de cerros que separa este cantón del de Tenoya”,[8] ambos cantones formarían, curiosamente y de forma aproximada, lo que con posterioridad sería la futura jurisdicción y municipio de San Lorenzo, y de ahí viene el que el Lugarejo sea nombrado, aún en el siglo XVII, como el “Lugarexo de Tamarazaite” o como “Lugarejo, término de Tamarasayte” y con posterioridad “Lugar de San Lorenzo de Tamarasaite”, “Distrito de San Lorenzo de Tamarasaite” o también “Jurisdicción de San Lorenzo de Tamarasaite”, la más antigua data del año 1627 y la más cercana de 1677.[9]

A partir de aquellas fechas ya va entrando en el olvido toda la extensión de territorio que había ocupado el antiquísimo y poderoso cantón de Atamarasaid. Como recuerdo de aquella gran población prehispánica, que ocupó todo el territorio mencionado, han quedado los documentos escritos, pues desgraciadamente y debido a los asentamientos europeos posteriores a la conquista, los antiguos poblados son aprovechados por los nuevos pobladores, fabricando sobre ellos o aprovechando muros y cuevas, dándoles un nuevo aspecto, y como prueba de ello nos quedan varias cuevas viviendas en la Montañeta de Tamaraceite y sus alrededores.

En muchísimos documentos se reflejan los restos de las construcciones de piedra de la población aborigen de Atamarasaid y como ejemplo de ello tenemos:
- “...y el Barranco de Tamaraceite, y de la parte de arriba tierras de Alonso de las Piedras y la cerca de los canarios... en siete de agosto de 1525”.[10]
- “... en 4 de agosto de 1528... Tamaraceite entre las casas del cuchillero y las cuevas de Francisco Martín Bragado... y unas cuevas que fueron de Diego García Viejo”.[11]
- “...espigonal abajo a el Lomo de los Frayles y arriba está un albercón del tiempo de los canarios y por otra parte el Barranco de Tamarasayte... a 30 de diciembre de 1632”.[12]

Además de la cuevas naturales y paredes de viviendas, también se habla de túmulos de piedra en La Isleta y cuevas artificiales en San Lorenzo, y en otros lugares, en donde se habían encontrado diferentes restos óseos, fundamentalmente los cráneos que sirvieron al antropólogo Rene Verneau, que llegó a las Islas Canarias en el año 1877, para hacer un estudio antropológico de los grupos étnicos de los antiguos aborígenes de Canarias.[13] En la zona de crecimiento de Tamaraceite, hacía los institutos, se encontraban, según comentan personas mayores, muchas construcciones de los antiguos canarios, siendo las piedras de sus muros utilizadas por algunos vecinos para hacer sus viviendas. También molinos de piedra y cerámica de la zona fueron a engrosar colecciones particulares.

La población aborigen huye al interior de la Isla ante los ataques de rapiña y conquista que llevan a cabo los conquistadores y en la vega y capital del cantón de Atamarazaid van a construir los recién llegados una construcción defensiva, una fortaleza, y a su amparo van a asentarse los primeros europeos.

Tamaraceite compartió, desde los comienzos de su historia, con Tenoya el mayor número de habitantes del municipio de San Lorenzo, pero conforme avanzó el tiempo Tamaraceite pasó a ser el lugar más poblado, hasta que aparecieron las nuevas urbanizaciones del sector de Guanarteme, hacia el primer cuarto del siglo XX, donde perdió su supremacía.

La importancia de Tamaraceite y Tenoya, pues no se había olvidado el lugar que ocupaban hasta el momento de la conquista castellana dentro del contexto isleño, queda reflejada en que en el año 1659 cuando firmó un documento Francisco de Montedoca como Alcalde del Lugar de Tenoya[14], y en el año 1667 desempeñaba dicho cargo Domingo Pérez.[15] Estos datos nos hacen afirmar que antes de que se formara la Jurisdicción de San Lorenzo en el año 1681, habría alcaldes en los lugares de mayor población, como eran Tenoya y Tamaraceite, además del que hacía esa función en el Lugarejo, cosa lógica ya que “...en cada grupo de convivencia, posiblemente a comienzos del siglo XVI, los Gobernadores de la Isla nombraron a determinados vecinos para que desempeñaran la función de alcaldes, con unas atribuciones muy limitadas en el orden judicial”.[16]

Como resumen podemos decir que conforme va pasando el tiempo y ya como parte de la realidad del Municipio de San Lorenzo, Tamaraceite va a recuperar la capitalidad política, la que antes de la conquista ya tenía, debido a que fue el lugar más populoso, manteniendo siempre San Lorenzo la capitalidad eclesiástica, compartiéndose ambos lugares la importancia de ser los lugares cabeceras del Municipio.

Juan Francisco Santana Domínguez
Doctor en Historia

* Este trabajo, con algunas variaciones, es parte del libro “Historia del Municipio San Lorenzo: Recuperando la Memoria Histórica” del mismo autor.

[1] BERNALDES, A.: Historia de los Reyes Católicos por el Bachiller Andrés Bernaldes, cura de Palacio. T. II, p. 52. Colección de Documentos de Millares Torres, de la Biblioteca del Museo Canario de Las Palmas.
[2] CASTILLO VERGARA, P. A.: Descrición histórica y geográfica de las Islas Canarias.Las Palmas de Gran Canaria 1960. T. I, fasc. 2, cap. 4, p. 304.
[3] A.P.S.L. Libro de Defunciones. Nº 2, f. 184r ; Nº 3, fs. 55v, 81v; Nº 4, fs. 64r y ss.
[4] ABREU GALINDO, J.: Historia de la conquista de las siete islas de Canaria, Santa Cruz de Tenerife. 197, p. 135.
[5] MARÍN DE CUBAS, T.A.: Historia de las siete islas de Canaria. Las Palmas de G.C. pp. 171-172. 1986.
[6] Ver nota 94. p. 288
[7] SANTANA SANTANA, A.: “Análisis territorial del poblamiento prehispánico de Gran Canaria: delimitación de agrupaciones territoriales” Vegueta. Nº 0, pp. 288-289. Las Palmas de Gran Canaria 1992.
[8] MILLARES TORRES, A.: Historia General de las Islas Canarias.. Santa Cruz de Tenerife 1977. T. II, p. 178
[9] A.D.L.P. Libro de Matrimonios de la Iglesia del Sagario Catedral. Nº 2, f. 198, a 25/10/1627.
A.H.P.L.P. Francisco de Moya. Nº 1.198, fs. 270r, 212v; Nº 1.204, fs. 8v-9r.
Ibidem. José Bethencourt Herrera. Nº 1.319, fs. 266v-267r.
Ibidem. Melchor Gumiel de Narváez. Nº 1.383, fs. 582v-587r; Nº 1384, fs. 124v y ss; Nº 1.385, fs. 538v-550v.
[10] A.H.P.L.P. Cristóbal de San Clemente. Nº 737, fs. 172v-173v.
[11] Ibidem. Nº 739, fs. 255r-256v.
[12] Ibidem. Conventos. Leg. 34 - 3.
[13] HERRERA PIQUÉ, A.: Tesoros del Museo Canario. Madrid 1990, p. 38.
[14] A.H.P.L.P.. José Bethencourt Herrera. Nº 1.319, fs. 31r-35v.
[15] A.D.L.P. Libro de Bautismos de la Iglesia del Sagrario Catedral. Nº 11, f. 129v.
[16] ROSA OLIVERA, L de La.: Evolución del régimen local de las Islas Canarias. Las Palmas de Gran Canaria 1994, p. 87.