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Categoría: Cuentos
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Colon había desmitificado en sus cartas al Rey de España, que las Islas Afortunadas hoy conocidas por Canarias no eran tales, sino mas bien como algo inhóspitas, a pesar de ello, laboriosos colonos labriegos, visigodos españoles, se afincaron en esas islas volcánicas y a fuerza de sudor e inteligencia las hacían producir la vitualla de provista necesaria para los barcos que pasaban desde y rumbo a América, sin ese aporte y sacrificio la conquista y colonización de América hubiese sido demorada y casi imposible.
Los colonos se atenían a los rígidos códigos morales de la Santa Iglesia en esa antigua tierra de infieles guanche bereberes, llevaban una monótona y ordenada vida, con apego a su mezquina tierra y el temor-amor a Dios.

Cuando el sol tropical del mediodía no era atemperado por las brisas marinas, solo los lagartos disfrutaban del calor, las sombras se acurrucaban bajo los labradores y sus bestias, era hora de almuerzo y breve descanso en la penumbra de las casas, no era de persona en sano juicio andar a esa hora deambulando por la isla Las Palmas de Gran Canaria sino era por una gran necesidad.

¡Que hace entonces ese chaval montado en su camello al mediodía, en el verano de 1876 al rayo del sol, en el patio de la Iglesia de San Lorenzo, cercana a su pueblo Tamaraceite, haciéndose un bendito con el pañuelo de cuello sobre su boina calada, apuntalado con su palo de guiar camellos, llamado por los antiguos guanche, banot.?

Que hace sino esperar que el Párroco se desocupe de sus confesiones, no se consideraba vestido para la ocasión, a la Iglesia se debía ir limpio y lo mas arreglado posible y él estaba descalzo con su gastada y transpirada ropa de trabajo, esperando reverente bajo el sol.

La vigilia da su fruto, apenas la obesa figura negra del cura se asoma en el atrio, Juan Bautista Jiménez Martel, mocito de 16 años apenas, sin hacer arrodillar su camello, como un felino ingrávido hoya la volcánica arenilla y en dos silenciosos saltos ya está ante el sorprendido cura que fingiendo un sobresalto grato y para establecer distancias y jerarquías alarga su blanca y delicada mano, el niño mozo genuflexo besa un cruzado anillo y mirando siempre al suelo, ansioso, con vos sentida y dolida, suplica........


-Verá Ud. Señor Cura, con mí pare imposibilitado, mi mare es su sombra atendiéndole, mi hermano Lorenzo, mayor 12 años que yo, se hace el pare en el manejo de la finca, con su mujer, ordena que es lo que se hace y lo que no se hace y que debo obedecerle como a mi pare, a él y a su mujer, para poder traerle estos quesillos, he debido pedírselos a ella y poca cosa me ha dado, dígame Usted Señor Cura, que le ha dicho el Señor Obispo, si Usted le ha gustado preguntar si estas son cosas de Dios como dicen y que debo aceptarlas sin rebuznar.

-El Señor Obispo te agradece tus quesillos y me ha dicho lo que ya te he dicho, que son cosas de los hombres.. y me lo ha fundamentado, que se llama mayorazgo. Las Leyes del Toro, dictadas en 1505, instituyeron el Mayorazgo, institución jurídica mediante la cual solo hereda el hijo mayor, siendo el propósito principal impedir el fraccionamiento de los más grandes patrimonios y la disolución social de las grandes familias ricas y no tan ricas españolas. Y que está instituida en España desde hace mucho tiempo, y que si no estuviese en las leyes, está tan arraigado en las gentes que es lo mismo o peor, el hermano mayor reemplaza al pare en todo y se adueña de todo, principalmente en las decisiones importantes de la familia-,

-Pero Señor Cura, yo ya hace once de mis diecisiete años que trabajo de sol a sol para mi familia y aparte del gofio consumido tengo solo lo puesto, lo que Usted ve, que es por demás de modesto y hasta escaso, ah y me falta anotar un segurísimo reto por haber traído el camello hasta aquí en vez de estar desbrozando los plátanos, a mí siempre me halagó que me mande mi pare, y le honrado tanto al pare como a la mare, pero no quiero ser el criado de mi hermano y menos de su mujer.

-Bueno, no serás su criado, serás de su familia, un poco menos que sus hijos, pero de su familia-

-Ah si, ellos dirán cuando y como se siembra, y donde no se siembra, cual bestia se descojona y cual procrea ?

-Oh suuu, Juan, contrólate que estás en la casa de Dios-,

-Pero Señor Cura...

Pluga Juan, pluga a Dios Juan, y ora, que el rezo te acerca a Dios, y el dolor será siempre menor.

-Pater Noster Pater Noster , el dolor será siempre menor, el dolor será menor...... , y emprendió el regreso a Tamaraceite.


Tanto era su desconsuelo que pensó huir de su desgracia, seguiría subiendo la cuesta para llorar sin que nadie lo viese hasta El Pintor o La Umbría, pero tomó la senda que bajaba hacia el Norte, por el Barranco de San Lorenzo entre palmeras y cañaverales.

El camino de vuelta orando se le acortó, llevaba el camello de tiro para no cansarlo para las tareas del deshierbe de la tarde, todavía se sentía aguando y vacío, mas un dolor agudo le oprimía el pecho y estaba bien cerca de un yeyo.

Junto al fondo del barranco en Tamaraceite estaba la tamogante del viejo guanche Doramas, un chozo miserable pero limpio, que el río en sus crecidas inexplicablemente perdonaba, lo conocía desde siempre, Juan se refugiaba a conversar con él cuando estaba angustiado, Doramas le había enseñado secretos del banot, la lucha con palos canarios, se acercó por refresco y consejo.


-Tamaragua , Doramas,

-Sansofé, Juanito achi Juan Jiménez Rivero.


La generosidad del guanche viejo era muy superior a la disponibilidad de sus medios, ofreció todo lo que tenía, tal cual era su costumbre, empezó a ordeñar una cabra flaca, las palmas de sus manos y sus talones amarillos se blanquearon con la espuma de la leche de la no muy convencida y movediza lechera que atesoraba el néctar para sus dos baifos.


-Te serviré aho con yoya, anahormaze, taharenemen...

-No gracias, solo ahamen del bernegal.

-Se te ha lastimado el camello o vienes a jugar al palo,

-No, como para banot y lucha canaria estoy yo, es que vengo de la Iglesia de San Lorenzo.....

-y que te ha dicho tu amigo el Señor Cura que vienes con esa cara-

-Que hable con Dios, que rece mucho y… contó respirando hondo para no lagrimear, todos sus pesares.


Doramas ya sabia del problema, todo se sabia muy rápido en Tamaraceite.


-¿y como te llevas con la mujer de tu hermano?-

-Por momentos me regaña por todo, y en otros momentos ante otras mujeres y mi hermano mismo, dijo que soy igual que Lorenzo, pero más joven y mas fuerte. Para sacar del almacén cuatro quesillos para el Padre Cura y el Señor Obispo, tuve que pedírselos a ella, y me dio solo dos, diciendo que el Padre Cura ya estaba demasiado gordo.

-¿y como le quieres a tu hermano?-

-Con todo el alma mía, como a mi pare, la mare siempre me ha dicho que me pareciese a él, por lo bueno que es, cabalgo, roturo, siembro y cosecho como él, visto y rezo como él, hago todo como él, yo quiero ser igual que él.

-Pues ahí está el entuerto- masculló el anciano guanche llenándosele de pena el rostro cetrino y los ojos celeste claros.

-¿?-

-Yo no soy falcan.... pero estás malimpiado, para quedarte trabajando con él, deberías ser muy diferente, siempre peor que él, deberías ser informal, vago, malmandado y pendenciero, así no te verían como alguien que le pueda hacer sombra y reemplazarlo en cualquier momento, si te siguen viendo tan parecido o quizás mejor, te hostigarán hasta enloquecerte, y te crearán un resentimiento tan grande que un gaviot te ganará el alma, y no es forma honrosa de vivir.. para un crestiano como tú.-

-Que haré entonces, Doramas... -,

-Nunca cambies para mal, vete, vete lejos, hazte cura, militar o pescador-

-Pero.. si yo soy cría de labradores, mi tatarabuelo, mi bisabuelo, abuelo y mi pare fueron siempre labriegos en Tamaraceite, Moya, Guía y San Lorenzo y yo soy y quiero vivir como labrador.

-Entonces haz lo de los Canarios sin tierras, vete a las colonias, a América, donde sobra tierra y faltan brazos-,

-Tú también con eso, Dorimas, la mujer de mi hermano dice que vendería las bestias y me pagaría el pasaje, si quiero ir a América.

-Mira Juan, aprovecha, si te ofrecen la vaquilla, corre por la soguilla… dicen que en América es donde hay campos grandes como nuestra isla, sin montañas ni piedras ni volcanes, tierra negra y mucha lluvia, y si bien no tienes allá amigos, tampoco tienes enemigos ni quien te escamonde los brotes.-

-Esa tarde Juan liberó al camello temprano y se fue al pueblo, donde se reunían los hombres, a comentar lo de todos los días.

-Dime la verdad Despatarrao, tu que eres medio indiano, si es que hay tanta tierra para labradores como yo, en América,

-Si tu dudas de Colon que la descubrió, no me creerás a mí que me la han contao, yo solo navegué hasta Cuba, pero hay un primo muy segundo de tu mare, el Ñato Henríquez, que se fue hace como diez años, que tiene un coche de plaza en Rosario Argentina, lleva de paseo a gentes que tienen campos muy grandes, y le preguntan por paisanos para trabajar en ellas.

-Pero él no tiene tierras y ya hace diez años…

-El Ñato no tiene tierras porque nunca quiso ser labriego, detesta la tierra, vive en una ciudad como no he visto ni me imagino, con luces a gas en las calles adoquinadas toda la noche y hasta con ferrocarril. Está en Rosario, es un puerto donde cargan cereales a mares, es Argentina, calles Pueyrredón esquina Montevideo, es casi de tu sangre y buen Canario, el te recuerda seguro, vete con confianza.

-Anda, mándale escribir, avísale que voy, y ponme bien claro en papel, el nombre y donde vive, que lo entienda cualquiera que sepa leer.

-Hermano Lorenzo, compre Ud. el pasaje para Argentina, me voy…


Solo con una levantada de cejas, Lorenzo cerró el trato.


-La mare se tragó una lágrima pesada como la piedra del molino del gofio, el pare parecía no entender lo que pasaba, solo gemía a solas y no de sus terribles dolores de gota.

-Durante los días de espera para embarcar, la mare le tejió una boina negra calada con hilos de algodón, Lorenzo le dio su navaja muy usada, total ya tenia la nueva del pare, su cuñada le armó un atadito no mas grande que un zurrón con ropitas usadas del pare y de un tío muerto hacía poco, mientras recordaba lo que le había dicho su abuela, a enemigo que huye, hazle un puente de oro y puso cinco duros en un monedero.

-En la venta del mercado del pueblo, para extrañeza de los feriantes, Juan abrazó al Machango, su incondicional camello, compañero de tantos sudores, aspiró profundo por ultima vez su hedor hasta entonces insoportable, esa vez le pareció casi agradable, se dejó abanicar los carrillos con las pestañas dobles, besó el morro esponjoso de la noble bestia y le mojó la lana con sus lágrimas.

-El oportunista comprador del camello le pidió el banot para aguijonear al animal, que no quería levantarse de su sentada, diciéndole socarrón.

-¿Para que lo queréis ahora?..en Rosario Argentina no hay camellos ni camelleros, jaja jaja

-La mare Concepción Martel, que a disgusto de todos junto con la madrina Del Pino, acompañaban a Juan, ordenó mordiéndose las muelas.

-¡Anda, tíraselo por las patas...!

-Juan tomó al palo por casi los extremos, en un segundo lo quebró con furia por el medio sobre su rodilla y echó los dos trozos astillados a una hoguera.


9 de Septiembre de 2004
Normando. V. Giménez