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Categoría: La voz silenciada
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Una de las zonas fronteras con el Municipio de Las Palmas de Gran Canaria es el Dragonal, siempre relacionado con su riqueza en aguas y con sus Heredamientos. La importancia económica de la zona de El Dragonal lleva consigo, según termina la conquista de la Isla, que el asentamiento de población sea una constante, que junto a sus casas y lagares, sintieran la necesidad y el deseo de tener lo más cercano posible una ermita, en donde poder oír la misa y recibir los sacramentos.

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Postal de comienzos del siglo XX perteneciente a la colección del autor del trabajo

A lo largo del siglo XVIII se van a tener las primeras noticias de dos oratorios particulares en El Dragonal, pero no sería descabellado afirmar la existencia de una ermita desde muchísimo antes. Tiene que llegar el año 1732, con ocasión de la visita del obispo D. Pedro Manuel Dávila y Cárdenas al Lugar de San Lorenzo, cuando se va a nombrar por primera vez la existencia de una ermita en el Dragonal.

Nos dice el Obispo: "... no comprendo el que se llame ermita a lo que en realidad es un oratorio particular, aunque posiblemente sean los vecinos, los que con el paso del tiempo le dieran la denominación de ermita”.[1] Esa reflexión del cambio de denominación nos hace ver que el oratorio había sido construido con mucha anterioridad al año en cuestión.

En uno de los mandatos de la visita del Obispo se puede leer lo referente a los “poseedores de las que se dicen ermitas”, instándoles a que en el plazo de cuatro meses, “expongan ante el Obispo las razones por las que se les denomina ermitas y no oratorios”.

En aquel año la poseedora del oratorio de El Dragonal era Dª. Ana Padilla, mujer que tenía un gran poder y también profesaba una gran devoción religiosa. Debido a sus creencias donó a la Iglesia de San Lorenzo, en varias ocasiones, por la necesidad y la pobreza del vecindario, diversos objetos que eran necesarios para el culto.[2]

Cinco años después, en el año 1738, con ocasión de otra visita desde el obispado, se escribe con respecto a la ermita de El Dragonal que no se encontraba en muy buen estado, pues el aspecto que presentaba era descrito, de forma textual, como "indecente". [3]

En el mes de octubre de 1770 el oratorio de El Dragonal pertenecía a Dª. Beatriz Botello, encontrándose en buen estado tanto el altar como los ornamentos, excepto la patena del cáliz, que se encontraba sin dorar, debido a ello el Visitador del Obispado la mandó a reparar o “...poner otra que no tuviera dicha falta, para poder celebrar con ella la misa”.[4]

En la misma visita se menciona otro oratorio en esta zona de El Dragonal, que se encontraba en las casas del presbítero D. Vicente Muxica. Se nos dice que se encontraba independiente de las casas, a modo de ermita, estando en buen estado y fue levantada con la advocación de San Francisco.[5]

Estos dos oratorios, dedicados a San Cristóbal el primero y a San Francisco el segundo, seguían en El Dragonal hacia el año 1934, según recoge en sus notas el párroco de San Lorenzo D.Pedro Hernández Benítez, aunque ya se encontraban cerrados al culto.

La riqueza en aguas de esta zona, que no sólo surtió a los alrededores sino también a la Capital, fruto de sus famosos Heredamientos, los cultivos de parrales y sus excelentes caldos, sus molinos, la contribución de los hombres de El Dragonal a la política del Municipio de San Lorenzo, aportando sus concejales y alcaldes y su religiosidad han dado las señas de identidad a este singular entorno.

Juan Francisco Santana Domínguez
Doctor en Historia

[1] A.P.S.L. Libro de Fábrica. Nº 1, fs. 44v-45r.
[2] Ibídem. fs. 41r-46r.
[3] Ibídem. fs. 64v.
[4] Ibídem. fs. 108r-108v.
[5] A.P.S.L. Libro de Fábrica Nº 1, f. 108v.¡