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Categoría: La voz silenciada
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Cuando se escribe sobre las posesiones de la Compañía de Jesús, entre otras cuestiones,  hay que hablar de desamortización y en tal sentido no podemos obviar que también en el Municipio de San Lorenzo de Tamaraceite se  puso en práctica el proceso político y económico de larga duración en España, que va desde el año 1766 a 1924, mediante el cual el Estado convirtió en bienes nacionales las propiedades y derechos que hasta entonces habían constituido el patrimonio de diversas entidades civiles y eclesiásticas para enajenarlos inmediatamente en favor de ciudadanos individuales. Aquellas medidas de expropiación afectaron a las propiedades tanto rústicas como urbanas, además de los patrimonios artísticos y culturales, a los derechos censales o rentas de variado origen y al patrimonio artístico y cultural de las referidas entidades civiles y eclesiásticas. Se llevó a cabo la venta de dichas propiedades desamortizadas mediante una subasta al mejor postor o por la redención por el censatario cuando se trataba de derechos, es decir, la liberación de la carga o el gravamen, en general se refiere a una suma de dinero por la que su censatario o pagador paga una cantidad de dinero para liberarse de la carga de un censo que tiene alguna de sus posesiones.

La desamortización tuvo cuatro etapas, la primera va del año 1766 a 1798 y comprende la venta de bienes de los jesuitas y la denominada desamortización de Manuel Godoy. La segunda etapa va de 1808 a 1823 y se corresponde con la desamortización impulsada durante la guerra de la Independencia por la administración bonapartista y por los legisladores reunidos en Cádiz, aplicada a los bienes de la Inquisición y por la reducción a un tercio del número de monasterios y conventos. La tercera desamortización abarca desde 1834 a 1854 y es conocida como la desamortización de Mendizábal y Espartero, por la que se pasa a arrebatar el patrimonio de la Iglesia y a la desaparición de monasterios y conventos. La cuarta etapa fue de 1855 al año 1924 y por la que se inaugura, por la Ley General de 1 de mayo de 1855 o también llamada Ley Pascual Madoz que va a ser por el volumen de ventas y la duración de la misma la de mayor importancia. Se completa la enajenación de los bienes regulares, o el referente a abadías y monaterios, y los seculares o pertenecientes a obispados y parroquias.

En el Municipio de San Lorenzo hubo lugares en los que tenía posesiones la Iglesia, entre ellos podríamos citar el Laurelar, Lomo de los Frailes o Tenoya y sus alrededores. También debemos citar la venta de la Dehesa de Los Lomos de Tamaraceite y de la Dehesa de  Tamaraceite a vecinos de nuestro entorno.

En Tenoya y sus alrededores, como se ha dicho, tuvieron diversas posesiones los jesuitas y algunos datos se pueden aportar al respecto. Del año 1767 tenemos un documento de expropiación de los Jesuitas en el que se puede leer que éstos tenían tierras en el "Llanete del paraje de la Ermita de Machicao"[1]. Nos estamos refiriendo a los alrededores de la legendaria Ermita de Machicao. Actualmente podríamos decir que serían las tierras que encontramos a la entrada de Tenoya, saliendo desde Tamaraceite, antes de entrar al antiguo Túnel de Tenoya.

Antes de dicho año 1767 podemos ver como se llevaban a cabo ventas, compras y arrendamientos. El Padre Juan Vicentelo era un hombre con mucho peso dentro de la Compañía de Jesús y tuvo bastante relación con el Lugar de San Lorenzo de Tamaraceite y sus pagos. En el año 1708, en concreto el día 16 de diciembre, el primer cura de la Parroquia de San Lorenzo, el todopoderoso Juan González Travieso, contestaba a unas cartas que le habían llegado desde el Obispado, en nombre del Rey Felipe V de Borbón, en donde se especificaba que se había comenzado a dar cumplimiento a las cartas del Rey y a las órdenes del Obispo, en la Parroquia de San Lorenzo y en la Ermita de San José, en Tenoya, en las que se había leído las mencionadas cartas, así como se habían explicado y exhortado a los vecinos y parroquianos de dicho Lugar a su cumplimiento. De forma curiosa no se nombra ninguna ermita en Tamarasaite, por lo que se puede deducir que por aquellos años no existía ninguna ermita allí o bien estaría fuera de uso, al igual que lo estaba la de San Pedro de Tenoya, pues si se nombra la de San José, de igual manera, si existiera alguna abierta al público, se nombraría sin ningún género de duda. Se especificaba que habían acudido con mucha puntualidad a la Parroquia y a la cual también asistieron los padres de la Compañía de Jesús, Manuel de Carriazo y Juan Vicentelo, el día 18 del mencionado mes, en donde celebraron sermones y comuniones, con asistencia de toda la feligresía. El domingo día 23 se hizo una gran procesión con la Virgen de Nuestra Señora del Buen Suceso, “titular de este Lugar”. De forma curiosa no se nombra como titular a San Lorenzo[2]. ¿A qué se debe? ¿No se encontraba la Imagen de San Lorenzo en la Iglesia o es que en aquellos momentos la imagen referida de la Virgen tenía una gran devoción? Los mencionados padres de la Compañía de Jesús sacaron el Santísimo Cristo y todo ello fue hecho con “mucha solemnidad y demostración muy católica”.

En referencia a esas tierras tenemos una noticia en la que el Padre Juan Vicentelo, Rector del Colegio de la Compañía de Jesús, daba en arrendamiento, el 30 de abril del año 1710, a los vecinos de Tenoya Salvador González Travieso, Tomás González Rodríguez, Antonia Lorenzo y Salvador Hernández de Armas dos suertes de tierras en dicho pago, denominadas El Parralete y La Ladera del Hediondo, en donde cultivaban trigo. También arrendaba otras dos fanegadas de terreno de sequero, a la entrada del Valle de Tenoya, “a el pasar de la Ermita de Machicao”. Para el arriendo de aquellas tierras el mencionado Salvador González Travieso hipotecaba sus tierras en el cercano Barranquillo de Jacomar; Tomás González Rodríguez hipotecaba sus tierras de Tamaraseite, también muy cercanas, denominadas Barranquillo de Bonales, que lindaban con tierras que allí tenía el mencionado Colegio de la Compañía de Jesús a las que se denominaba El Sequero; la vecina Antonia Lorenzo tuvo que hipotecar sus tierras de Jacomar, que lindaban con las del también arrendador Salvador González Travieso y Salvador Hernández de Armas tuvo que hacer frente a la hipoteca con sus tierras de Tamaraseite, que lindaban con las tierras del Cortijo de Ayala. De aquellos vecinos arrendadores sólo supo firmar Salvador González Travieso[3].

Firma del Rector del Colegio de la Compañía de Jesús, Juan Vicentelo[4].

El día 7 de mayo de 1710 de nuevo el Reverendo Padre Juan Vicentelo, Rector del Colegio de la Compañía de Jesús, se expresaba como el representante de su Colegio y como poseedores de un Cortijo y sus aguas, en el mismo lugar de Tenoya y Jurisdicción de San Lorenzo, arrendando a José González, Alcalde y vecino del Lugar de San Lorenzo, a Nicolás González y a Ángel de Armas. Al mencionado Alcalde se le arrendaban cuatro fanegadas de la suerte de tierras que llamaban El Hornillo con el agua que le pertenecía del Heredamiento de Tenoya; a Nicolás González la suerte de tierras que llamaban Llanos del Mar, lo que hoy conocemos como Costa Ayala, también con sus aguas del ya mencionado Heredamiento. Los arrendamientos se hicieron por 25 fanegadas de trigo y por espacio de tres años[5].

En cuanto al referido Alcalde hay que decir que se trataba de José González Domínguez, que era militar con la categoría de Alférez[6], que no sabía escribir y que había desempeñado el cargo de alcalde en diferentes ocasiones, siéndolo en el período 1710-1715, volvió a desempeñarlo en 1721 y repitió en el período 1724-1728.

En un extenso documento de 31 de octubre del año 1708 podemos apreciar parte de la gran cantidad de tierras que la Compañía de Jesús tenía en Tenoya y sus alrededores y también en Tamaraceite. No he querido quitar apenas nada para que los estudiosos del tema pudieran situarse en los lugares que se citan y es por ello que, a veces, la redacción nos parezca dificultosa. Se trata de un arrendamiento que hace el Reverendo Padre Rector José de Aldana, en el Colegio de la Compañía de Jesús de la Ciudad. En nombre de dicho Colegio daba en arrendamiento a Salvador Hernández de Armas y a Catalina de Acosta, su mujer, vecinos del Lugar de Tenoya, cuatro suertes de tierra de pan sembrar en el valle de Tenoya con el agua que le pertenecía de dicho Heredamiento, que eran seis días y seis noches en cada dula. La primera suerte se llama La Ladera, que se encontraba detrás de las Casas del Pulgar que son seis fanegadas de sembradura, otra que se encontraba enfrente y se llamaba La Laderilla de dos fanegadas, otra contigua que se denominaba El Hornillo y que tenía una extensión de cuatro fanegadas y otra junto a ellas que era conocida como El Llano del Mar. Todas se encontraban juntas y lindaban con las tierras de Dª María Moxica por una parte y por otra con la Suerte del Hediondo, por otra parte lindaba con el Camino que bajaba de Tenoya hacia el mar. También la Compañía de Jesús disponía de otra suerte de tierras por la parte de arriba, en el Valle, detrás de las casas del Pulgar que tenían la acequia por arriba y era lindero hasta el Camino Real que pasaba por encima del Lugar de Tenoya.

También daba en arrendamiento otras cuatro suertes que se llamaban La Calzada del Camino de Arucas, la segunda era conocida como La Calzada de Moxica, la tercera era denominada La Ladera del Hediondo, la cuarta El Parralete, donde se encontraban algunas higueras. También eran poseedores de otra suerte de de tierra de sequero, con unas medidas de dos fanegadas, que se encontraba en la entrada de Tenoya, “a mano izquierda después de pasar la Ermita de Bachicao” y unas casas altas sobradadas que estaban en el mismo paraje. Todo lo arrendaban por 153 fanegadas y media de trigo y 80 reales de contado. También se obligaban a pagar 55 fanegadas de trigo del arrendamiento del año anterior. Para ello hipotecaban una casa de alto y bajo en el Valle de Tenoya y lindaba por la parte de arriba con las tierras del Sargento Mayor D. Alonso Lezcano y por la parte de abajo con el camino que iba para la Calzada de Arucas, por un lado con la casa de Juan González Domínguez y por el otro con las casas de José Alonso y un pedazo de tierra cercada de pared, plantada de plátanos e higueras y un lagar que lindaba por la parte de arriba con la Acequia Real del Heredamiento y por la de abajo con el Barranco de dicho pago, por el otro lado lindaban con las tierras del Capitán D. Pedro Espino de Herrera y por el otro con las tierras de Antonia Lorenzo y con una tina de cantería que se encontraba en dicha tierra. Disponían de un día de agua del Heredamiento por el que pagaban 90 reales cada año y dos gallinas, éstas a Dª Luisa Trujillo de Vergara y 70 reales al Capellán de la Capellanía que fundaron Matías González y Catalina de Godoy, vecinos que habían sido del lugar de Tenoya. También hipotecaron tres fanegadas en Tamaraseyte, “donde dicen” La Montañeta,  que lindaban con tierras de Gerónima de Acosta y por un lado se encontraba el camino que iba de la Ciudad hasta la villa de Guía. Así mismo arrendaba siete fanegadas en el Lomo de los Frailes, en dicho pago, de los herederos de María Castrillo; dos fanegadas detrás de la Montañeta que lindaban por la parte de abajo con las tierras de Pedro Arencibia y por otros lados con las de los arrendadores por las que se pagaba un tributo anual de seis reales al Convento de religiosas de Nª Sª de la Concepción de San Bernardo. Firmó José de Aldana[7]. Con el paso de los años aquellas posesiones irán pasando a manos de particulares por efecto de la desamortización.

En un arrendamiento que hace el Capitán Juan del Castillo, vecino de la Ciudad, a Salvador Afonso, vecino de Tenoya, y a Ambrosio García, vecino del Lugar de San Lorenzo, el día 25 de junio del año 1764, de unas tierras labradías que tenía en Tenoya con el agua que le pertenecía del Heredamiento de Tenoya, se dice que lindaban con el vínculo que gozaba D. Antonio Lezcano y con las tierras de los Padres de la Compañía de Jesús[8].

Cuando sale a colación la Ermita de Santa Catalina, en Tenoya, además de la escasez de datos sobre la misma se puede leer que los  recursos  de  los  jesuitas  de  la Isla eran bastante reducidos y debido a aquella situación  la virreina que había sido del Perú, Dª. Catalina de Guzmán, les había cedido 4.000 pesos en el año 1697, realizándose aquella donación  en la ciudad de Cádiz. Con aquella cantidad los jesuitas compraron diferentes lotes de tierras, entre los cuales se encontraban cuatro suertes de tierra, con su agua correspondiente, en Tenoya. Vemos como esta zona era muy tenida en cuenta por la Compañía a la hora de invertir su patrimonio. Evidentemente se trataba de tierras muy productivas debido a su riqueza en aguas. Aquel lote de tierras de Tenoya, al igual que la ermita que se edificó en ella, se les llamó las tierras de Santa Catalina, en honor de la donante[9].  

Es muy posible que la ermita de Santa Catalina siguiera activa para los padres jesuitas y para los vecinos del Lugar, hasta el momento en que los bienes de la Compañía fueron expropiados, según Real Decreto del día 27 de febrero de 1767. Todos los bienes que la Compañía de Jesús tenía en Tenoya fueron vendidos en el año 1770 a D. Bernardino Carbonel, caballero de nacionalidad francesa, en 85.897 reales[10].

En el año 1793 se nos hablaba de una casa en Tenoya que lindaba por la parte delantera con la Plaza de la Ermita de San Pedro y por[11] uno de sus lados con la casa “que llamaban de los Padres”. Vemos el lugar aproximado de la Casa de Tenoya de los Padres de la Compañía de Jesús.

Para terminar comentarles que este trabajo nos puede aportar datos para la situación de diferentes lugares y fincas en Tenoya y también para conocer a algunos de sus poseedores en el siglo XVIII. Fundamentalmente nos aporta una serie de notas para llevar a cabo un trabajo mucho más completo sobre las posesiones de la Compañía de Jesús. Está abierto a nuevos descubrimientos y en el futuro podremos ver como este trabajo se ve enriquecido y ampliado porque la historia está sujeta, en todo momento, a revisiones y nuevas aportaciones.

Juan Francisco Santana Domínguez

Notas:

[1]  Idem.  Fernández de Vilches.  Nº  1.789,   f.  73v-118r.
[2]  A.D.L.P. Mandatos, circulares….del siglo XVII al XIX. Documentos sueltos I. San Lorenzo.
[3]  A.H.P.L.P. Esteban Perdomo Castellano. Nº 1476. A 30 de abril de 1710.
[4]  Lucas de Betancourt Cabrera. Nº 1.478. Fol. 152v. Años 1708-1710.
[5]  A.H.P.L.P. Esteban Perdomo Castellano. Nº 1476. A 7 de mayo de 1710.
[6]  A.H.P.L.P. Conventos. Legajo 23-1. Años 1638-1715.
[7]  A.H.P.L.P. Gabriel López de Salazar. Nº 1.501, fol 17-21.
[8]  A.H.P.L.P. Juan de Zubiaga. Nº 1.674.
[9]  ESCRIBANO  GARRIDO,  J.   Los  jesuitas  y  Canarias  (1566 - 1767). Granada   1987, p. 351-352.
[10] A.H.P.L.P.   Francisco Javier Fernández de Vilches.  Nº  1.789,  f.  73v-118r.
[11] A.H.P.L.P. Manuel Román Falcón. Nº 1817, fs. 207-209.