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Categoría: La voz silenciada
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Largos siglos de espera recorren cada uno de los elementos que conforman la ermita de Tenoya, y algunos de los pobladores de éste pago seguimos esperando la tan ansiada restauración de éste ejemplo de patrimonio histórico olvidado. Esperemos que llegue pronto, puesto que muchos vecinos estamos ansiosos de que ésta tenga lugar, y que todo no quede en falsas promesas. Y si ésta se demorase por causas ajenas a la voluntad de todos, proponemos que mientras tanto, sean recuperados todos los objetos que pertenecieron en su día a éste recinto.

Y es que nuestra ermita no la constituyen “piedras muertas” cómo algunos manifiestan; les puedo asegurar que en la humildad y sencillez de este edificio muchos de los feligreses del pueblo se sienten más cercanos a Dios. “Es el único testimonio que nos queda de lo que había antes” dicen a viva voz algunos vecinos, y creo que en la sencillez de un pueblo de origen campesino, se encuentra la verdad. Juan Francisco Santana Domínguez ilustra este pensamiento de la siguiente manera: “A pesar de que la característica fundamental de los vecinos de Tenoya es la de la pobreza generalizada, (…) nunca le ha faltado ni ropas ni joyas a las imágenes de su ermita, destacando las de Nuestra Señora de la Encarnación (…) donde nos encontramos con una gran colección de trajes con ricos bordados de oro y seda (…)” [1]

Un ejemplo de la devoción tenoyera[2], podemos encontrarlo en el siglo XVIII, donde Francisco Martínez de Fuentes nos relata cómo se desplaza hasta Tenoya para predicar en la fiesta de S. Pedro, y por tanto en su ermita (que es la que se conserva hasta la actualidad) dejando testimonio escrito de lo que observó en su visita. Nos haremos eco de dos hechos fundamentales, el primero es la ceremonia del vestido de las Vírgenes. Movía más a piedad y a veneración, que las imágenes estuviesen, aun siendo de talla entera, recubiertas

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Puede observarse con todo detalle en esta imagen, que la devoción de los tenoyeros aún sigue vigente y la riqueza de los vestidos que se describía en el siglo XVIII aún puede vislumbrarse en la actualidad.
Foto cedida por Antonio Suárez Suárez.

de costosos mantos, vestidos, pelucas y joyas. Veamos la descripción que nos ofrece nuestro visitante al respecto: “Se le puso a la (imagen) de Nuestra Señora por primera vez un bucarlín fuerte para formar con más garbo el traje del vestido, a cuya operación asistían los principales de Tenoya y mostrándose algunos admirados de semejante tiesura para una imagen de tanta devoción pero en la hora quedaron sosegados cuando se les advirtió su destino. Estrenó nuestra señora la toca del rostrillo de un fino olán de costa de una devota y en este año ha quedado tan bien vestida que el aire nuevo del traje nada sabe a cosas de antigüedad. Finalmente su base se adornó de bellas y agradables flores (…) En este mismo estilo se compuso a San Pedro y tan de moda que su camarera, a pesar de su tenaz inclinación por las cosas añejas dejó al santo en base limpia destrozó las andas[3] y las hermoseó en el mismo método que las de Nuestra Señora. (…) Finalmente San Pedro estrenó a expensa de su camarera diadema y llave de plata con honores de sobredorarle en lo sucesivo.”

En la descripción de las fiestas de Tenoya se habla también de una exuberancia vegetal, que servía para adornar tanto el interior como el exterior del templo. “Todas sus paredes estaban adornadas de palmas, como si se tratara de un bosque y en el coro se formó una bóveda. Los tirantes de los techos se cubrieron de gilbavera[4] (…) Las pilas se forraron con palmitos amarillos y una de ella con una especie de lienzo encarnado. Con cierta ironía describe el púlpito con una paloma pendiente de él y la fachada junto con el campanario cubierta de vegetación. Posteriormente la descripción sigue y nos dice: “concurrió todo el pueblo a ese devoto santuario y entonando el predicador el Deus in adjutorium continuó la música de violines, flautas gallegas, guitarras y voces (…)

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Como podrán observar en el margen derecho de la foto, puede verse el exterior de la ermita adornado con palmas y flores hasta hace bien poco.
Foto del Archivo del Colectivo Cultural “El Valle de Tenoya”

¿Creen aún que la ermita es un edificio sin importancia? La ermita es un buen punto de partida para reconstruir la historia de Tenoya, no sólo es importante por los actos religiosos que allí acontecían, sino como lugar de concentración social, alrededor del cual se realizaban bailes, teatro y hasta excursiones, que partían desde allí hasta la costa, para pasarse el día al pie de las salinas del Rincón.

Creemos que reconstruir la historia local es una de las grandes tareas pendientes de de nuestra tierra. Promover su conocimiento, es lo que intentamos a través de la web del municipio de San Lorenzo: porque no se ama lo que se desconoce.

Dicho esto volvemos a preguntar: ¿cuántos pequeños y sin interés, según algunas personas, trozos de nuestra historia perdemos en Canarias cada día?


Domingo M. Guerra Hernández
Jennifer Guerra Hernández
Licenciada en Historia, U.L.P.G.C.



NOTA: Aprovecho este pequeño rincón de la web para referirme al trabajo que sobre Tenoya, realizaron otros antes que yo, a través de la Revista Cultural “El Valle de Tenoya”. Desde aquí brindo mi humilde homenaje a aquellos pioneros que aportando fotos, artículos, entrevistas y todo lo imaginable, hicieron que sus lectores conocieran la pequeña gran historia de nuestro pueblo. Van dedicados a ellos todos mis artículos.


[1] Santana Domínguez, J. F. Historia del Municipio San Lorenzo de Tamaraceite: Recuperando la memoria histórica, Ed. Gobierno de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 2006. (pag. 266)
[2] En ésta misma web hay otro artículo que hace referencia al mismo tema, aunque refiriéndose a hechos distintos, realizado por nuestro historiador oficial, Juan Francisco Santana Domínguez.
[3] Tablero con barras paralelas para llevar algo en hombros.
[4] Es con éste nombre o el de gibalbera, gibalvera o gilbarbera, un endemismo canario utilizado como planta ornamental, que se localiza esporádicamente en las regiones de laurisilva. Es una palabra de origen galaico-portugués según nos dice el mismo autor.


BIBLIOGRAFÍA:
  • Martínez de Fuentes, F. Usos, costumbres y fiestas de Gran Canaria en el s. XVIII (estudio crítico de Manuel Hernández González), ed. Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 1998.
  • Santana Domínguez, J. F. Historia del Municipio San Lorenzo de Tamaraceite: Recuperando la memoria histórica, Ed. Gobierno de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 2006.