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Categoría: La voz silenciada
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Dentro de la toponimia del Municipio de San Lorenzo nos encontramos con lugares muy relacionados con sus producciones y en relación con el dulce negocio de las colmenas y la miel hay que comenzar diciendo que nos encontramos con El Colmenar (aparece así reflejado en muchos documentos del siglo XVII y XVIII)[1], mientras que en otras ocasiones y con anterioridad al año 1680, antes de convertirse San Lorenzo en Parroquia, aparecía como perteneciente a Teror[2].

Ya desde el siglo XVI, concretamente el 11 de octubre de 1590, Felipa de Santiago esposa del emigrante a las Indias Luis de Padilla, daba a medias a  Jerónimo de Valdés sus posesiones en el Acebuchal, con la condición de que las cuidara y atendiera  debidamente. Comprendía una casa con su parral, bodegas y lagar, además de sus colmenas. Toda la uva, mosto, fruta, miel y cera que se sacara de la hacienda se debía dividir en dos mitades, una vez que fuera descontado el diezmo correspondiente.[3] Generalmente las colmenas eran un pequeño apoyo a otras actividades económicas de mayor envergadura.

En el año 1648 en el testamento de Cristóbal Gómez se puede leer que deja una hacienda en el Dragonal, sembrada de trigo, en la misma también dejaba siete colmenas. [4]

Casi siempre las colmenas se encontraban muy cercanas a las casas de sus dueños y variaban en su número, desde las siete colmenas que tenía, en Tamaraceite, el primer cura de San Lorenzo, D. Juan González Travieso, en el año 1683, además era poseedor de una gran cantidad  de  tierras,  casas  y esclavos[5]; las cinco colmenas que tenía un poderoso propietario como era Juan Guerra, vecino  también de Tamaraceite, en el año 1676, y que entre sus propiedades estaban siete esclavos y una gran cantidad de tierras de cultivo[6]; frente a las dos colmenas que Antonio Pérez, en el año 1790, había heredado de su padre en Los Caideros, junto a un pajar y gañanía, no encontrándose en este caso cerca de la casa de su dueño.[7]

Para seguir hablando con buen sabor de boca se podría citar la fábrica de dulces que por los primeros años del siglo XX tenía José Santana[8], y no podemos cerrar este apartado sin citar los famosos bizcochos lustrados de Doña María Villegas, además de sus bollos y queques, siendo su casa lugar de parada obligatoria en Tamaraceite, para todos los que por allí pasaban durante gran parte de la primera mitad del mismo siglo.[9]

Del dulce a lo salado, y a pesar de que, en general,  San Lorenzo no tuvo hombres relacionados con el trabajo del mar[10], salvo cuando comienzan a asentarse los nuevos pobladores de Guanarteme hacia la década de los años veinte del siglo XX, no faltaron los negocios relacionados con el mar que bañaba las costas del Municipio y así en el año 1879 sólo existían salinas en las Islas Orientales, producto de un gran valor no sólo para la salud sino como elemento indispensable para el importante negocio de la salazón del pescado que se daba en todas las islas.

De las siete salinas que existían por aquellas fechas, una de ellas se encontraba en San Lorenzo, concretamente en el pago de El Rincón, aunque su producción era mínima en comparación con las dos de Arinaga, la del Romeral, la de Barco Quebrado  en  Aldea  Blanca, la de la Isleta y la de Matorrales en San Bartolomé.[11] En el año 1908 se seguía hablando de las industrias salineras ya mencionadas, a las que se les unían el Matorral, La Punta y otras de reciente construcción en la zona costera de Telde.[12]

En cuanto a los productos tintóreos es evidente que desde los primeros momentos, una vez finalizada la Conquista, hubiera gente que se dedicara a recogerlos y recolectarlos, como fue el caso de Juan Martín, hombre de color, de unos treinta años y vecino de Antigua, en  la  Isla de Fuerteventura, que en el año 1721 moría al caer desde un risco al vacío, cuando recogía orchilla en un paraje que se conocía con el nombre de Corral Prieto, en el término de San Lorenzo.[13]

Entre 1840 y 1880 tuvo bastante importancia, en la zona baja y cálida de Tenoya, el cultivo de las tuneras, plantas en las que se daba la cría de cochinilla[14]. Todavía en el año 1899, Dª. Antonia Peña y Perdomo era dueña de una finca y casas de habitación en el pago de Las Rehoyas, y en el mismo lugar tenía un espacio para secar la cochinilla y “...almacenes para guardar, trabajar y preparar dicho insecto”.[15]

Con este pequeño trabajo se pretende animar a los nuevos investigadores, historiadores, economistas, antropólogos o aficionados a emprender nuevos estudios y publicaciones, que pudieran ser abordadas desde los diferentes campos del saber y llevadas a cabo bien individualmente o por equipos multidisciplinares.

Juan Francisco Santana Domínguez
Doctor en Historia

* Este trabajo, con ligeras modificaciones, se puede encontrar en el libro “Historia del Municipio San Lorenzo de Tamaraceite: Recuperando la Memoria Histórica” del mismo autor.

[1]  A.H.P.L.P.  Francisco Álvarez Montesdeoca.   Nº  1.403,  fs.  350r-352v ;  Manuel Román Falcón. 
     Nº  1.801,  fs.  389r-391r. 
[2]  Ibídem.  Matías Espino Peloz.  Nº  1.395,  fs.  191v-195r.
[3]  Ibídem.  Bernardino de Palenzuela.  Nº  929,  fs.  84r-86v.
[4]  Ibídem.  Francisco de Moya.  Nº  1.201,  fs.  287r  y  ss.
[5]  A.D.L.P.  Caja “Tribunal Eclesiástico”.  Siglo  XVIII.  1683/84.  s.f.
[6]  Ibídem.  Melchor Gumiel de Narváez.  Nº  1.385,  fs.  538v-550v.
[7]  A.H.P.L.P.  Manuel Román Falcón.  Nº  1.814,  fs.  243r- 247v.
[8]  ZUMBADO,  C.:  Anuario de la Provincia de Canarias .   1.905,  p.  140.
[9]  Dato aportado oralmente por D. Juan Pérez Navarro.
[10] B.O.P.C.   Nº  30,  de 11/3/1850.
[11] QUINTANA Y LEÓN,  J. de.:  La Capital de la Provincia de Canarias.  p.  138.  
[12] TORRES,  A.  y   ENRÍQUEZ,  R.:  Anuario Comercial de Gran Canaria.  1908,  p.  34.
[13] A.P.S.L.  Libro de Defunciones  Nº  1,  f.  92v.
[14] HERNÁNDEZ JIMÉNEZ, V.: Aguas del Barranco de Tenoya”  en  Anuario de Estudios Atlánticos.
     Nº  33,   p.  15.  Madrid  1987
[15] A.H.P.L.P.  Amillaramientos de San Lorenzo  Nº  10.    Solicitud de rústica y urbana: 1899 - 1905.       s.f.