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Categoría: La voz silenciada
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Estudio de los nombres de los lugares dentro del Municipio de San Lorenzo:

Durante más de veinte años he trabajado temas relacionados con el Municipio de San Lorenzo. Actualmente continúo trabajando dicho tema, siendo una de las facetas más curiosas la relacionada con la toponímia. Desde hace un tiempo intento dar sentido al topónimo del Barranco de la Ballena y en los cientos de documentos, mejor dicho miles de documentos trabajados, es bastante escaso el número de ellos que hacen alusión a dicho Barranco, pero alguno sí que se encuentra y basado en todo ello he considerado que debo formular una hipótesis en cuanto a la explicación de ese curioso nombre que recibe el barranco que desemboca en Guanarteme.

Antes que nada se debe hacer mención a la riqueza de aguas que otrora llevaban los barrancos de la zona, aunque hoy en día de aquella realidad nada queda, destacando la pobreza actual del rico elemento. De la importancia de la cantidad de agua que daba el Heredamiento del Dragonal baste reseñar una nota del Boletín del Amigos del País en donde se nos decía, en el año 1868, que “... para llevar a cabo la roturación del Istmo de Guanarteme, o también conocido como la Playa del Carmelita[1], se podían aprovechar las aguas que discurrían perdidas desde el Barranco del Dragonal”.[2] Las mismas aguas que sirvieron para paliar las necesidades de los pobladores de los valles más cercanos.

Con el paso de los años parte de la Jurisdicción de San Lorenzo ve disminuir su riqueza de aguas, tan abundante en los siglos XV al XVII, y así en los años finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se nos decía: “...uno de los mayores inconvenientes para conseguir un desarrollo agrícola es la escasez de agua, aunque se podría remediar esta necesidad abriendo minas”.[3]

En el año 1862 aparecía otro significativo aviso al respecto, animando a: “...la construcción de estanques en los terrenos bajos, capaces de salvar las cosechas de maíz, al menos en la primera plantación de este grano, y las leguminosas y tuberosas en los meses de marzo, abril y mayo. Después de haber bebido esos terrenos de Tamaraceite y desiertos hoy sobre Santa Catalina, podrían con el auxilio de grandes y pequeños depósitos, en las heredades particulares, proveer de dos cosechas al año. Volvamos nuestra vista en nuestro propio suelo a esos terrenos del distrito de San Lorenzo, puramente de secano y sin una fuente perenne, y ellos nos enseñan el prodigioso efecto de los depósitos de agua invernosa que sufraga a las dos cosechas periódicas de cereales y tuberosas, debidas a esa industria particular de los estanques en forma de lagunas que proveen a la agricultura de aquel país de frutos, verduras y árboles, y sus colonos conducen las aguas de los barrancos por medio de brazales o tomaderos, y nuestros contornos hasta Guanarteme, con raras excepciones, permanecen incultos cuando desde el Barranco por el Dragonal viene una acequia de poca capacidad que conduce aguas de aquel Heredamiento, y esa misma acequia indica el camino por donde puede y debe abrirse por asociación una más ancha, junto a aquella o separada, que con sus compuertas graduadas darían fácil entrada y paso a las aguas al Distrito de San Lorenzo, a Tamaraceite, a las Rehoyas y Llanos sobre Santa Catalina, donde hay preciosa tierra de trabajo e impediría la ruinosa emigración”.[4]

Ya en el siglo XX vemos que en los primeros años de la década de los veinte es cuando las desembocaduras de los barrancos de Guanarteme y La Ballena, con todas sus prolongaciones, así como la zona de la Playa de Las Canteras, o también conocida en el Municipio de San Lorenzo como la Playa de Tamaraceite, y sus inmediaciones, o lo que es lo mismo, lo que se denominaba genéricamente como Las Arenas, comienzan a urbanizarse rápidamente, haciendo de toda la zona un núcleo importante de población. En aquellos momentos la riqueza en aguas se había perdido desde hacía muchas décadas y sólo quedaba arenal, junto al fenómeno urbanístico que conllevó la emigración de muchos isleños a aquella zona del municipio de San Lorenzo, fundamentalmente se trataba de una población muy humilde ligada al trabajo del Puerto de La Luz.

Con ocasión de la construcción de la autovía se nombraría el topónimo que estamos estudiando y así podemos leer: “la autovía saldría de la explanada del Muelle del Castillo de Santa Catalina, atravesaría la zona de Arenales y cruzaría la carretera que iba del Puerto a Tamaraceite, cerca del Barranquillo de la Ballena y continuaría por la última calle de la Barriada de Guanarteme, pasando su Barranco justo por la trasera de las instalaciones pesqueras adaptándose al anfiteatro del Rincón, pasando justo por delante del Balneario y todo paralelo a la costa, cruzando el Barranco de Tenoya por encima de Tinoca”.[5]

Hay que esperar a la década de los años veinte de este siglo, como ya se ha dicho, para ver como se comienza a poblar la zona de la desembocadura de los Barrancos de Guanarteme y La Ballena, lo que se puede apreciar por los permisos de licencia de construcción, pedidos por diferentes vecinos al Ayuntamiento de San Lorenzo, con una gran alza del número de los mismos hacia el año 1924, lo que prueba que es el momento en que los asentamientos, en aquellos primitivos arenales, se disparan de forma vertiginosa.

Volviendo al tema del agua, otra prueba de la riqueza en aguas de la zona está en que la abundancia de aguas no sólo se constata en los primeros momentos de la conquista, sino que bien avanzado el siglo XVIII, concretamente en el año 1761, se hablaba del “río de Tenoya” en relación a su caudaloso Barranco.[6]

Continuando con la riqueza acuífera, al comienzo del escrito se hizo mención a una hipótesis en cuanto al nombre del Barranco de la Ballena. Dicha hipótesis la baso en que hasta el siglo XIX se hablaba de las aguas que se perdían en el Barranco del Dragonal, también eran importantes, incluso hasta tiempos más recientes, las aguas de diferentes Heredamientos como el del Laurelar y Acebuchal, Román, como prueba de que el preciado elemento fluía desde diversos manantiales. Mi hipótesis se basa en que también el Barranquillo de la Ballena se caracterizaba, a semejanza del mencionado río de Tenoya, en llevar abundante agua en una época, quedando la gente impresionada y hablando entre ellos de aquellas aguas, con manifestaciones como: “La barranquera va llena”, “El barranquillo va lleno” y otras similares. De aquellas manifestaciones y de la riqueza en aguas del Barranco en el pasado ha perdurado hasta nosotros aquel verbo y adjetivo que se sustantivizaron con el paso de los años. La transformación de “Va llena” en “Ballena” fue fruto de la transmisión oral y el error a la hora de escribirlo, posiblemente, de algún notario. No era lógico buscar en un cetáceo el origen del nombre de un barranco que vierte sus aguas a un arenal, alejado del mar. Lo más congruente es buscar la explicación en la ya mencionada riqueza en aguas de aquel barranco, que tanto impresionó, por su caudal, a los vecinos que en otra época atravesaban aquella zona de la Isla.

[1] QUINTANA Y LEÓN, J. de.: La Capital de la Provincia de Canarias. pp. 164 y ss. Las Palmas.
[2] Boletín de la Sociedad Económica de Gran Canaria. Nº 73, p. 144, 30/9/1868.
[3] HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, G.: Estadística de las Islas Canarias 1.793 - 1.806 de Francisco Escolar y Serrano. Cuadernos Canarios de Ciencias Sociales Nº 11, p. 315, Las Palmas de G. C. 1.983.
[4] Boletín de la Sociedad Económica de Gran Canaria. Nº 3, pp. 20 y ss, de 31 de marzo de 1862.
[5] Boletín Oficial de la Provincia de Las Palmas. Nº 59, de 19/5/1937.
[6] A.H.P.L.P. Juan Guerra de Quintana. Nº 1.669, de 7/9/1761, s.f.
A finales del siglo XV y comienzos del XVI llegará a la zona actualmente conocida como Casa Ayala, Guillén de Ayala, apellido de origen vasco, al igual que el de muchos otros conquistadores. No consta que este personaje estuviera relacionado con la conquista de la Isla, pero sí que llegó por aquellos primeros momentos y se hizo con un considerable lote de tierras en la desembocadura del Barranco de Tenoya. Allí construyó su hacienda, justo en la ladera del Barranco, en lo que hoy en día se sigue conociendo como Casa Ayala y en su momento se conoció como la casa de Guillén de Ayala, y plantó los terrenos colindantes, llegando sus posesiones al Llano del Mar, lo que hoy es conocido como Costa Ayala.
  • Cuevas Blancas
Cuevas Blancas es un topónimo de los más antiguos de la Isla, una vez comenzada la conquista, y ya en los primeros repartimientos de tierras que se hacen entre los conquistadores se cita. El 23 de febrero de 1551 Pedro Ximénez Casasola y Juan de Ribera piden a la Audiencia que se les asigne 100 fanegadas de tierras en Tamarazaite, que lindaban con el caminillo de atajo a Tenoya que iba hacia las Cuevas Blancas que son hacia la parte del mar y por la otra parte lindaban con el Barranquillo de Jacomar, dicen los expresados personajes que la querían[1] para “sembrar e aprovechar en pan y desmontar los cardones y leñas”, evidentemente no se trataba de un barranco seco y pelado sino que estaba muy cubierto de vegetación, en donde abundaba la madera, que por aquellos momentos se utilizaba en los ingenios azucareros. Para ver como van cambiando de manos esas tierras podemos irnos al 21 de abril de 1671, y en aquella fecha los Herederos del Capitán D. Bartolomé de Muxica Lezcano y Dª Ambrosia Serrate de Figueroa vecinos que habían sido de esta Isla, dan su consentimiento para que se puedan vender sus posesiones y entre otras se encontraban: una suerte grande de tierras de labradío en Tamarasaite, en la Cruz del Ovejero[2], otra suerte denominada Los Guirres, en el Cardonal de Tamarasaite que llaman Cuevas Blancas, lindaban con los Cercados de Guillén de Ayala, a la pared a dar al Llano del Mar. Con respecto a Los Guirres[3], en Tamarasayte, hay un documento que ya lo menciona en el año 1601, aludiendo a que había sido de sus padres, con lo que este topónimo es del siglo XVI.
  • El Espartero
El Espartero es un topónimo que muy posiblemente procede del oficio que desempeñaba una de las personas que en aquel lugar vivió en el siglo XVI, concretamente tenemos noticias hacia la mitad de aquella centuria de Luís de Moya[1], conocido como el espartero. Con posterioridad nos encontramos con una documentación[2], del día 10 de enero de 1590, en donde se habla de unas tierras, en Teror, conocidas como El Llano del Espartero.

[1] A.H.P.L.P. Alonso Hernández. Nº 789, fs. 70r-72v.
[2] A.H.P.L.P. Bernardino de Palenzuela. Nº 929, fs. 143r -144r.
Lo que hoy se conoce por El Pintor o también el Barranco del Pintor es un topónimo que ha llegado hasta nosotros para indicarnos que en estas tierras, cercanas al Valle de San Lorenzo, tuvo unas posesiones un personaje muy importante en la historia de la plástica en Canarias. En el año 1751 se habla del Cercado de Bonales y de unas casas en el Cercadillo que el matrimonio[1] formado por María de Quintana y Tomás Gutiérrez compran “a Alonso de Ortega, el Pintor”, haciendo alusión al trabajo que desempeñaba este hombre, que de forma evidente se trataba de un artista que se dedicaba al arte del pintar.

Lo cierto es que Alonso de Ortega fue uno de los pintores más importantes de Gran Canaria, que vivió entre los siglos XVII y XVIII. Se casó con Catalina Rivera y dispusieron de un gran bienestar económico, teniendo cinco esclavos en el momento de su muerte. Poseedores de tierras y casas en lugares tan dispares como Valsendero; Telde, “donde llaman San Martín o Las Remudas” y en San Lorenzo, tierras y árboles que habían sido valoradas por Pedro Medina y Francisco Rodríguez, vecinos de dicho Lugar, en 4.505 reales. Aquellas tierras fueron conocidas con el nombre del Pintor en alusión a Alonso de Ortega. Fue un artista que cultivó los cuadros religiosos, retratos, paisajes o bodegones. Como escultor, entre otras obras, hizo una talla de Nuestra Señora del Buen Suceso y diversos Cristos. Como demostración de su gran poder económico y social, baste decir que en su funeral se gastaron 910 reales[2].

En el año 1792 se cita[3] el “Barranquillo que baja del Pintor”. La toponimia se ha encargado de que llegara a nosotros el poseedor de aquellas tierras de San Lorenzo, aunque sólo con el nombre del Barranco del Pintor. El nombre de Alonso de Ortega quedó reflejado para la posteridad, además de por su quehacer artístico, en la toponímia del Municipio de San Lorenzo*.

* Este trabajo, salvo pequeñas modificaciones, es parte del libro “Notas sobre el Municipio San Lorenzo de Tamaraceite: un ejemplo de injusticia histórica” de Juan Francisco Santana Domínguez.
[1] A.P.S.L. Testamentos Nº 1. f. 21v.
[2] A.H.P.L.P. Lorenzo Rodríguez Gómez. Nº 1585. fs. 251r-259v. A 5/12/1730.
[3] A.H.P.L.P. Manuel Román Falcón. Nº 1816, fs. 550-553.
El Toscón era conocido a mediados del siglo XVII con el adjetivo de Bermejo y así podemos leer : “linda con cueva grande de D. Pedro Palomares y por el otro lado, lomito arriba, a dar al Toscón Bermejo”. En clara alusión a la formación rocosa de color rojizo oscuro.
  • El Zardo
El Zardo (En realidad debe ser El Sardo) es un topónimo que tiene relación con la Capellanía que fundara D. Ignacio José Sardo, el día 14 de enero de 1774. Además de disponer de su firma, en el documento de la fundación de la capellanía se puede leer que era clérigo de menores y que había nacido en La Laguna, Tenerife, hacía 74 años. Fue casado con María Ignacia Yanes Betancurt y en esas fechas era viudo. Entre sus posesiones estaban las casas en Triana, en las que vivía, y un cortijo de tierras de labradío en “donde dicen La Cancela”, en la Jurisdicción de San Lorenzo, que había comprado a D. Cristóbal de Abreu. El 25 de mayo de 1788 se hacía alusión a esas tierras que lindaban al sur con el Lomo de los Silos.
  • Hoya Andrea
En torno a Tamaraceite nos encontramos con una gran riqueza en lo referente a la toponímia o nombres de lugares, uno de ellos es el de Hoya Andrea, que según se escucha, a nivel popular, es un nombre muy reciente, fundamentalmente porque se trata de un lugar de muy reciente despego poblacional, pero no tiene nada que ver con la realidad ya que en el año 1565 el matrimonio formado por Martín Valerón y Catalina Pérez se comprometían a dotar a su hija Andrea de Valerón, si se llevaba a cabo su matrimonio con Bartolomé San Juan, hijo de Alonso Benítez. La dote que llevaba Andrea a su matimonio ascendía, además de los bienes raíces y muebles, a 150 doblas de oro de 500 maravedises cada una de ellas de la moneda de Canaria; diez vacas mayores herradas del hierro de Juan Perdomo, que había sido su primer marido; cinco novillos y tres novillas jóvenes; cuatro bueyes de arado; seis yeguas mayores; dos potros y dos potrancas; cuarenta fanegadas de tierra de sequero labradas en los Granadillales de Tamaraceite, que habían sido de Francisco de Torres y que lindaban con las tierras de Hernando de Padilla y por la parte alta con las tierras de los herederos de Luis Jiménez y por la parte de abajo con con los herederos de García de Vergara; también tenía en Tamarasayte dos suertes de tierras, una de ellas la había comprado a Pedro Jiménez Casasola y la otra lindaba con la mencionada, posiblemente se trataba de los terrenos que se conocieron por la Hoya de Andrea, en honor a su propietaria. El novio, Bartolomé de San Juan, hace la promesa de matrimonio y se obligaba a efectuar un recibo de dote el día 13 de agosto del referido año[1].

No quedan sólo en aquella reseña los datos que tenemos y el 11 de noviembre del año 1627 el Capitán Alonso Pérez de Ortega, vecino de La Vega, arrendaba dos suertes de tierras “de pan sembrar” en Tamarasayte donde dicen la “Montañeta de Andrea”, que eran propiedad de Dª Isabel de Vergara, viuda del Licenciado D. Luis Trujillo, que lindaban con las tierras del Capitán Juan Bautista Algirolfo y por otro lado con las de Pedro Fernández[2].

En un documento que data del 30 de mayo de 1841 se hace mención a la Hoya de Andrea[3]. Aquella mujer, posiblemente fruto de su primer matrimonio, se había hecho con un poder económico muy importante y su nombre va a perdurar a lo largo del tiempo, llegando hasta nosotros.

[1] A.H.P.L.P. García Ortiz. Protocolo 852. (Transcrito del nº de inventario 116). F. 269r-270v.
[2] A.H.P.L.P. Francisco Gallegos. Protocolo 1083. f. 105r – 106v.
[3] A.P.S.L. Libro 6 de Bautismos. F. 31r-31v.
  • Hoya del Enamorado y Las Borreras
En el año 1635 Francisco González Enamorado[1] era uno de los personajes implicados en la venta de una casa en Las Palmas, este personaje dará nombre al topónimo que será encontrado en mucha documentación del siglo XVII al XX, aunque en este último sufriera un olvido para que con ocasión de la urbanización de la zona de Siete Palmas, muy recientemente, volviera a recuperarse su nombre, dándoselo a una de sus calles. Sería acertado hacer un pequeño recorrido hasta llegar al momento presente y es por ello que se debería partir de un escrito en el que D. Diego Gallego de Mendoza, Alguacil Mayor de la Real Audiencia, arrendaba a Baltasar de Cabrera, vecino de la ciudad de Las Palmas, por un período de nueve años, todas las tierras labradías y montuosas que tenía en el término de Tamarasayte. Las mencionadas tierras lindaban con las de Francisco González Enamorado, por la parte de arriba, dividiéndolas de aquellas una vereda y por la parte de abajo encontrábamos las tierras de Pedro Ramos y el mar. El arrendamiento se pagaba con cinco fanegadas de trigo “limpio bueno” cada año[2].

El 16 de noviembre de 1850 aparecía en la prensa que se había descubierto una grieta en el paraje denominado Hoya del Enamorado y Borreras. Textualmente[3] se podía leer: “La abertura aun cuando confusa por partes hasta la mitad del Lomo del Muerto, tendrá por largos trozos una pulgada de anchura y la extensión de una media legua. No hay desplomamiento a ningún lado de la línea, en la cual se notan pocas oblicuaciones, ni se ha notado más movimiento”.

[1] A.H.P.L.P. Francisco de Moya. Nº 1.196. En 1 de noviembre de 1635.
[2] A.H.P.L.P. Francisco Ortega. Nº 1.404. fs. 190v–192r.
[3] El Avisador de Canarias. Periódico de Anuncios e intereses materiales. Nº 5. A 16 de noviembre de 1850. Tenerife
Jacomar es un topónimo que ha perdurado hasta nuestros días y es interesante detenernos en este pequeño pago para poder saber quienes fueron los conquistadores beneficiados a quienes tocó en suerte aquellas tierras en la parte alta de Atamarasaid.

El Barranco de Jacomar es nombrado desde los primeros instantes de la conquista y así lo podemos comprobar cuando el día 9 de enero de 1552 Alonso de San Clemente arrienda a Francisco Sánchez de Palacios seis fanegas de tierra de sequero en la Vega de Tamaraceite, que había traído al matrimonio su difunta esposa Francisca de Cabrejas, hija del conquistador Francisco de Cabrejas, lindaban con tierras que habían sido de Álvaro Rodríguez, otras del difunto Bartolomé Sánchez de Caldera y con el Camino Real que iba a Tenoya, “que van a dar al Barranco donde mataron a Jacomar”.

Sería por tanto un topónimo relacionado con alguna batalla entre los isleños y los europeos, posiblemente por parte de los canarios se trataría de los guerreros de Atamarasaid, a cuyo frente, posiblemente, estaría su caudillo Adeum. Sería muy interesante saber quien era Jacomar, que sin duda se trataba de un hombre importante, y respecto a ello hay que decir que este topónimo lo encontramos en la isla de Tenerife y también en el sureste de Fuerteventura, en donde encontramos las Casas de Jacomar y la Ensenada del mismo nombre. Partiendo de ahí podríamos pensar que fue natural de la isla de Fuerteventura y de los canarios que sirvieron a los conquistadores en la conquista de Gran Canaria y Tenerife, “...bajo sus banderas algunas compañias de canarios y otras de gomeros, majoreros”. Posiblemente Jacomar sería un majorero que habría destacado en aquella conquista y debido a ello recibió cuantiosos lotes de tierras.
Algunos topónimos actuales recuerdan la gran importancia que tuvo la cal para la zona, ejemplo significativo de ello puede ser el mal llamado término de la Galera, en Tamaraceite, ya que el paso del tiempo y la tradición oral han desvirtuado su primitivo nombre de las Caleras de Tamaraceite.
  • La Montañeta
El nombre del primer poseedor de La Montañeta, una vez finalizada la conquista, se va a mantener durante mucho tiempo y así podemos ver como Pedro de Ayala Cañero vendía un pedazo de tierra “de pan sembrar en Tamarasayte, que lindaba con Juan Gómez y por la otra La Montañeta que dicen de Juan de Rivera, siendo el primer pago en 1618”. En el año 1652 hay una venta de Francisco Amador, vecino de la Ciudad, a Pedro Hernández Cardoso vecino del Lugar de San Lorenzo, de un solar donde dicen la Montañeta de Juan Rivera, lindaba por arriba con las casas de Juan González y por debajo el Camino Real que iba a Arucas y otros lugares[8]. Vemos como “de Ribera” pasa a “Rivera” a lo largo del siglo XVII y, de forma inexorable, el paso del tiempo ha hecho que hoy en día sólo se conserve “La Montañeta”, en detrimento de aquel personaje del siglo XVI.
  • La Paterna
El barrio actual de La Paterna tiene su origen en una de las hoyas del conjunto que formaban Las Rehoyas. A finales del siglo XVI y comienzos del XVII se encontraba en Las Palmas Cristóbal de Paterna y fue el día 4 de abril del año 1600 cuando los padres de Francisca Cabello la dotaban para que pudiera casarse con el mencionado personaje[1], que dará su nombre al lugar y que perdurará en el tiempo hasta llegar a nuestros días. Desde el día 15 de septiembre de 1647, con ocasión de un arrendamiento que hacía José Rodríguez de Mederos a Simón Hernández, ambos vecinos de la Ciudad, de un “pedazo de tierra de pan sembrar” de cuatro a cinco fanegadas, por un espacio de tiempo de dos años, teniendo que pagar por ellas cuarenta reales anuales, se hacía mención a unas tierras que se encontraban en “Tamarazayte” y lindaban con el “valle que dicen de Las Paternas”, y “barranquillo arriba” con unas tierras que pertenecían a los Herederos de Carvajal[2]. En el año 1759 el Capitán D. Joaquín José Verdugo de Albiturría, Regidor Perpetuo de la Isla, arrendaba a Antonio de Arencibia, vecino de Tamaraceite, un cortijo de tierras[3] en la “Joia de Paterna”, con el agua que le pertenecía del Dragonal. Por ello debía pagarle 90 fanegas de trigo, cuatro “sabanadas de paja y dos docenas de sandías de las mejores que cogiere”. El 15 de abril de 1761 de nuevo el Capitán D. Joaquín Verdugo Albiturría decía que el 12 de octubre de 1758 había arrendado por tres años a Pedro Polinario, vecino de la ciudad, unas tierras en el pago de Tamaraseite, “que llaman La Hoya de Paterna y Montañeta de San Lázaro”, con el agua de su riego, recibiendo como pago “cien fanegadas de trigo puestas en la Ciudad, y cuatro savanalas de paja y seis docenas de sandías, siendo fiador Antonio de Arencibia y teniendo que poner este último 36 fanegadas de trigo al no poder ponerlas el referido Polinario[4]. Parece ser que el lugar era muy propicio para el cultivo de sandías o que a D. Joaquín Verdugo le gustaba mucho esa fruta. En el año 1816, en el acta de defunción de Blas Pérez, que había estado casado con Josefa Arencibia, se hace alusión[5] a la Hoya de Paterna.

Hoy en día en la toponímia no se hace referencia a la Hoya pero sí al barrio de La Paterna y es interesante que la población sepa que el conjunto de todas aquellas hoyas que comenzaban en la muralla del Castillo de Mata hasta llegar a Guanarteme y a la Montaña de San Lázaro, actual zona del cementerio, fueron una única entidad hasta bien entrado el siglo XX.

* Este artículo, con algunas pequeñas aportaciones, lo podemos encontrar en el libro “Notas sobre el Municipio San Lorenzo de Tamaraceite: un ejemplo de injusticia histórica”, del mismo autor.

[1] A.H.P.L.P. Betancourt Luis. Nº 970. Año 1599 – 1602.
[2] A.H.P.L.P. Francisco de Moya. Nº 1.201. f. 123v.
[3] A.H.P.L.P. Juan Guerra de Quintana. Nº 1668. A 6 de agosto de 1759.
[4] A.H.P.L.P. Juan Guerra de Quintana. Nº 1669. A 15 de abril de 1761. Sin f.
[5] A.P.S.L. Libro de Difuntos de San Lorenzo. Nº 2. f. 165v.
  • Las Mesas
Bastante cercano al Toscón, cruzando la parte baja del Barranco de Lezcano encontramos el topónimo de Las Mesas. Se trata del nombre de un barrio urbanizado muy recientemente pero sin embargo desde el punto de vista toponímico tiene una notoria antigüedad. Cuando tratamos de hacer un estudio sobre la toponimia nos fijamos en los otros topónimos que se nombran al hablar de sus límites y así podemos ver como muy cercana a esta zona es donde se encontraba enclavada la legendaria Ermita de Machicao. Lo primero que vamos a hacer es localizar el topónimo Machicao y en tal sentido debemos fijarnos en la zona de Tamaraceite y sus alrededores, pues entre los primeros beneficiados en los repartimientos de tierras, una vez terminada la conquista de la Isla a finales del siglo XV, van a estar los grandes capitanes como los Siverios, Moxicas, Lezcanos o Machicaos, que eran poseedores de grandes cantidades de tierras y aguas en muchos lugares de la isla de Gran Canaria.

Vemos que entre los conquistadores que reciben importantes lotes de tierras estaba Fernando Machicao, aunque en escritos del año 1517 se le nombraba como Bachicao, para que con posterioridad a aquella fecha se le vuelva a conocer como Machicao. Este era un personaje muy poderoso desde el punto de vista económico, y como prueba de ello baste decir que en el año 1514 hacía un gasto en ropa por valor de 31.867 maravedises.

Entre los diferentes lugares de la Isla en donde tenía posesiones Fernando Machicao estaban el margen izquierdo del Barranco del Guiniguada, en donde poseía cultivos de caña de azúcar, y Tamaraceite, y yo me inclino a pensar que tenía una hacienda pasado el casco de Tamaraceite, en la zona del Barranco de Jacomar o muy cercana a éste, ya que entre sus criados estaba Marcos de Jacomar, así como encontrarnos en la citada zona con la mencionada Ermita de Machicao, en terrenos que pertenecieron a aquel personaje. Construida posiblemente por ser una zona de paso obligado hacia el noroeste de la Isla, posibilitando la oración y el descanso de los caminantes.

Fernando Machicao contrajo matrimonio con Constanza Yerbas, y tuvieron seis hijos, dos varones y cuatro hembras. Juntos fundaron una capellanía hacia el año 1532. Su Ermita de Machicao lindaba con los terrenos de Juan Pérez Bonales, y por la parte de abajo lindaban con la Casilla “...que dicen del Capitán Domingo Suárez, vecino de la Vega, que llaman la Mesa de Arriba a dar al Barranco de Tenoia y cordillera abajo que va a dar a la Mesa de Abajo, por la tosca que está por encima del andén derecho al barranquillo, y abajo a dar con los Cardones”. Vemos como en aquellos años del siglo XVI el actual el topónimo de Las Mesas se dividía en dos partes, una alta y otra baja y serían unos terrenos que pertenecieron a algún personaje apellidado Mesa.

Fernando Machicao también dispuso de terrenos en el Pueblo de San Lorenzo, en concreto se trataba de 16 fanegadas situadas frente a la Iglesia, y eran conocidas como el Llano de Machicao, pero la curiosidad no es ahora la mencionada Ermita sino que es la que nos ha servido de referente en la búsqueda de datos sobre el topónimo de Las Mesas. La curiosidad nos llevó a preguntarnos sobre el origen de este topónimo y buscamos, cuando teníamos bastantes menos años, un lugar con unas mesas para poder sentarnos alrededor de nuestros asaderos, pero evidentemente nunca pudimos encontrarlas ya que no tenían nada que ver con lo que en principio pensábamos, pero con el paso de los años en la infatigable búsqueda de datos para poder llevar a buen fin el trabajo sobre el Municipio de San Lorenzo.

El paso del tiempo en la investigación nos llevó a encontramos con unos documentos que hacían alusión a unas tierras que pertenecieron a la familia de los Mesa, ya en el año 1671 el matrimonio formado por Juan González Domínguez y Juana Suárez de Medina, vecinos de Tenoya, hablaban de sus tierras en Las Mesas de Arriba que heredaron de Pedro Suárez, suegro y padre respectivamente del mencionado matrimonio que había sido poseedor de un considerable lote de tierras en toda esta zona.

Uno de los límites de Las Mesas era el Barranquillo de Bonales, otro topónimo relacionado con el apellido de uno de sus primeros moradores, concretamente de Juan Pérez Bonales que vivió en esta zona, a caballo entre los siglos XVI y XVII. Las posesiones de este hombre no se limitaban al Barranquillo sino que tenía tierras en el lomo y llano, ya que Pedro Suárez tenía unas tierras en el año 1637 “...que lindaban por un lado con las que habían sido de Juan Pérez Bonales y por otra parte el Barranquillo de Jacomar y por arriba el Lomo de las tierras de Juan Pérez Bonales”.

Magdalena de la Cruz, viuda de Bonales, junto con Juan Hernández Castellano, con el que se había casado, vendieron en el año 1641 unas treinta fanegadas de tierra “...en donde dicen Los Guirres”, que habían pertenecido al difunto Juan Pérez Bonales, al mencionado Pedro Suárez que era labrador y vecino de Tamaraceite, que lindaban con las tierras de Francisco González Rapadura a las que a su vez las dividía el Barranquillo de la Ermita de Machicao y por abajo se encontraba el Camino Real que iba a Arucas.

En una partida de bautismo del año 1687 se habla de Las Mesas, en donde vivía el matrimonio formado por Manuel García y María Salgado, siendo a comienzos del setecientos cuando ya son varios los vecinos que allí se asientan: Juan García y Dominga de Aguilar, Juan Lorenzo, Pedro Marrero, entre otros.

Otro personaje que posiblemente tenga mucho que ver con esta incógnita, y si no es él tuvo que serlo alguno de sus antepasados, se trata de D. Agustín Yaguez de Mesa, personaje que fue Alguacil Mayor Ejecutor de la Real Audiencia de la Isla y heredero de D. Juan Gallegos de la Guerra, al que se le tuvo que pagar un tributo en el año 1739 cuando Juan Lorenzo vendió unos terrenos “...donde llaman las Casillas de las Mesas”, que lindaban por abajo con el Barranquillo de Bonales y a los lados la tierras de Francisco Rodríguez y Feliciana de Acosta.

En el año 1641 se nos habla de unas tierras en Tamarazaite: “... donde dicen Los Guirres ... veinte o treinta fanegadas, lindan con una parte tierras de Francisco González Rapadura, vecino de Tenoya, que las divide el Barranquillo de la Ermita, de dicho barranquillo arriva a dar a la vereda del atajo que va a Arucas y por abajo el Camino Real de Arucas y por otra parte el lomo arriba de la Ermita de Machicao...”.

En el año 1678 D. Miguel de Angulo Figueroa, que había sido Gobernador de Armas de la Isla, y su esposa Dª. Mariana de Arce y Castilla impusieron unas misas sobre un cortijo de 50 fanegadas de tierras labradías que tenían en Tamaraseite, lindaba con el Camino Real que iba a Arucas y por abajo con las tierras del Barranquillo de Jacomar a dar al Lomito de los Negros, tierras del Caserón y Llano del Inquisidor y más abajo la Hoya de Cuevas Blancas, todas estas tierras eran contiguas unas con otras. Por la parte de arriba lindaban con las tierras “que dicen de la Ermita de Bachicao”. Se hace alusión a muchos topónimos cercanos a Las Mesas, debido a que nos sirven de referentes para distinguir los poseedores de tierras de la zona.

Por aquellos años la cercana Ermita de Machicao era muy conocida y la ponían de referencia en las ventas de tierras, y así aparecerá en multitud de documentos a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Baste como ejemplo uno de los documentos que hablan de la expropiación de los Jesuitas del año 1767, en el que éstos tenían tierras en el "Llanete del paraje de la Ermita de Machicao".

En el año 1781 D. Francisco Díaz de Castro y Dª Ana López de Castro, vecinos del Lugar de San Lorenzo, manifiestan su deseo de fundar una capellanía de misas y que éstas se digan en la Ermita de San Pedro, en el altar de Nuestra Señora de la Encarnación de Tenoya, con la finalidad de aumentar el culto. La fundaron poniendo como seguro de pago sus tierras de sequero en Tamaraceite, en concreto se trataba de cinco fanegadas en su cercado de Calzones, que lindaba por la parte de arriba con una capellanía perteneciente al presbítero D. Domingo Naranjo, que eran divididas por un “barranquillo que baja de Las Mesas, filo lomo abajo a dar con las que goza D. Juan Marrero, por abajo nuestras tierras, las divide una vereda que baja del Toscón para Tenoya, que dará un año con otro treinta fanegadas de grano.

En el año 1897 se citan unos 157 topónimos habitados muchos de ellos tan sólo por una familia pero no se cita a Las Mesas. En aquel año no había nadie viviendo en este lugar.

La población estable del pago de Las Mesas nunca fue significativa y prueba de ello es que en el Nomenclator de 1930, e incluso en el de 1940, no se nombra este pago, y en cambio se nombran otros en donde sólo viven dos habitantes, como por ejemplo Hoya Ponce. Actualmente es un barrio en continuo aumento, salpicado de casas terreras, tipo chalet, y con una población que generalmente se traslada cada día a sus diferentes lugares de trabajo, haciendo la función de un barrio dormitorio.
  • Las Rehoyas: Schamann, Escaleritas y otros barrios de la zona
El topónimo de Las Rehoyas hace alusión a muchas hoyas o espacios llanos que quedan entre los barrancos. Toda la zona de Las Escaleruelas, Escalerillas, la actual Escaleritas, también llamada La Escalerita, y el resto de los barrancos, hasta llegar a la muralla de Mata era conocida como Las Rehoyas, por tanto no coincide con lo que actualmente se ciñe a la zona denominada Las Rehoyas. En el año 1836 se hacía mención[1] a la Cuesta de las Escalerillas y dos años después se habla de la casita de alojamiento en El Cordón de las Escalerillas que se utilizaba para el alojamiento de los comisionados y para custodiar la correspondencia oficial del Municipio de San Lorenzo[2].

El 23 de abril de 1899 D. Rafael Massieu Falcón pedía un permiso al Ayuntamiento de San Lorenzo para construir un camino privado[3] en su finca de Las Rehoyas, que “empalme con la carretera que va de Las Palmas a Arucas y Guía”.

Siguiendo en esta zona, Alfredo Schamann Hernández compró, el 24 de febrero de 1912, a Gonzalo de la Torre Sarmiento, y éste lo había hecho a su hermana Josefina, una gran extensión de terreno que lindaba con tierras de los señores de Blandy Brothers y Compañía y por otra Francisco Blanco y los herederos de D. Juan Bautista Carló y Guersy y antes habían pertenecido a D. Federico Manly. También era una de las grandes propietarias en esta zona de Las Escaleritas Dª María del Rosario Manrique de Lara y de la Rocha. El día 26 de junio de 1928 el mencionado Señor Schamann tramita en San Lorenzo el parcelamiento y posterior urbanización del pago de Las Rehoyas. En concreto será la zona de la Meseta Alta de Las Rehoyas, por lo que poco más tarde se denominaría, en honor al mismo, la zona de Schamann.

También en la Jurisdicción de San Lorenzo, en la referida zona de Las Rehoyas, muy próximo al Barranquillo de Mata, se construyó un edificio público destinado a polvorín[4] hacia el año 1895, siendo ese hecho el que en el futuro daría nombre al actual barrio de El Polvorín.

El 21 de enero de 1894 D. Manuel Apolinario Rodríguez solicitaba un permiso[5] para ejecutar unas obras en una finca de su propiedad, situada en el Lomo, dándosele el permiso desde la Corporación Municiapal. Esa zona de Las Rehoyas, con el tiempo, pasó a denominarse Lomo Apolinario.

Las Rehoyas llegaba a Guanarteme, entrando en esas Rehoyas la Hoya de Paterna, el Barranquillo de Don Zoilo, La Hoya de la Gallina (parte de lo que hoy es el Barrio del Cardón), Las Torres y alrededores que eran conocidos como el Barranco de Torres, vemos que se trataba de una zona muy extensa. El Istmo de Guanarteme o arenal que unía la Isla con la Isleta y zona del Puerto de la Luz también se le conocía como la Playa del Carmelita[6] y también a nivel popular, y entre la gente de Tamaraceite, se le conoció como la Playa de Tamaraceite, es lógico pues se trataba de la salida al mar del Barranco de Tamaraceite. Todavía alguna persona la recuerda con aquel nombre, hasta que con posterioridad y ya en el Siglo XX se le empezó a conocer como la Playa de las Canteras*.

* Este artículo, con algunas pequeñas aportaciones, lo podemos encontrar en el libro “Notas sobre el Municipio San Lorenzo de Tamaraceite: un ejemplo de injusticia histórica”, del mismo autor.

[1] A.H.P.L.P. Libro de Actas Nº 1 del Ayuntamiento de San Lorenzo. f. 268v.
[2] A.H.P.L.P. Libro de Actas Nº 1 del Ayuntamiento de San Lorenzo. f. 414r. A 27 de diciembre de 1838.
[3] A.H.P.L.P. Libro de Actas del Ayuntamiento de San Lorenzo. Nº 10. f. 63v.
[4] A.H.P.L.P. Libro de Actas del Ayuntamiento de San Lorenzo. Nº 8. f. 151v.
[5] A.H.P.L.P. Libro de Actas del Ayuntamiento de San Lorenzo.. Nº 7.
[6] De Quintana y León, J. “La Capital de la provincia de Canarias” 1882, pp. 164 y ss. “Derrotero de las Islas Canarias” Dirección de Hidrografía. p. 23.
El topónimo, o nombre de lugar, actual se debe a que en este entorno tuvo su hacienda el matrimonio formado por María Rivera y Francisco Rodríguez en el siglo XVII, siendo aquella poderosa mujer la que dio su nombre al Lugar.
Desde tiempos muy lejanos ya se le conocía con el actual topónimo, debido a que eran tierras que pertenecían al Monasterio de San Bernardo, y ya del año 1644 nos encontramos un documento en donde el matrimonio formado por Luís Pérez y Francisca González “...vecinos en donde dicen Tamarasayte, término de la Ciudad, imponen un tributo a las monjas abadesas sobre sus tierras en Tamarasayte, en el Lomo de los Frayles, que lindan con el Lomo del Cardonal por la parte de arriba y por la parte de abajo tierras de Francisco López y Francisco Déniz”.

Los vecinos de Tamaraceite y de los alrededores, antes del siglo XVII, viendo que eran tierras que pertenecían a los Monasterios de Santa Clara y al de San Bernardo, las empezaron a nombrar como las tierras o el lomo de los frailes, pues sus poseedores eran religiosos, y así quedó, llegando hasta nosotros con aquel vetusto topónimo.
El topónimo: Contenedor de agua o embalse.

En el año 1667 D. Alonso Olivares Lezcano y su esposa Dª. Luisa Antonia Trujillo Suárez, matrimonio muy poderoso hablan de sus tierras de "San Gregorio, Cortijo de los Granadillares", en donde arriendan unas tierras, a varios vecinos de San Lorenzo, que constaban de 56 fanegadas dedicadas a trigo, tres a cebada y seis barcinas de paja, con la condición de que le fuera permitida la entrada y salida de su ganado de ovejas y “...otros cualesquiera para la majada que tengo donde llaman La Montaña”, que lindaban con el Barranco de Tamaraceite, a dar a la Pileta por la parte de abajo. En el mencionado Cortijo, D. Alonso Olivares también tenía su casa, en la que residía por temporadas, pues normalmente vivía en la Ciudad.

En 1876, por una partición de bienes, se adjudicó el “Cortijo de San Gregorio y los Granadillares” a D. Adan del Castillo y Westerling que era casado con Dª. María de los Dolores Manrique de Lara y Bravo de Laguna, limitaba al norte con el Barranquillo de Piletas, en el Peñón Rajado, y siguiendo una línea recta se llegaba a la pared antigua conocida con el nombre de “Pared Canaria”(se trataba de los restos de una construcción aborigen, lo que demuestra una vez más el poblamiento prehispánico del lugar) que separaba la finca de las tierras que habían sido del Deán Roo y de D. Juan Ponce Guerra, y en dicha fecha pertenecían a la familia Montesdeoca. Al sur comenzaba en el Barranquillo de la Cagarruta.
El nombre de Román, se debe a las posesiones de tierras que aquí en San Lorenzo tenía D. Alonso Román y Falcón, Alcalde del Municipio de San Lorenzo entre 1696 y 1698, pues ya en el año 1707 se hace alusión a sus tierras cercanas al Barranco del Acebuchal y a un lado estaba el Barranquillo del Cagarruta.
  • Rugayo
Rugayo (Es una deformación de Ruiz Gallo) es un topónimo que encontramos en el Barranco de Tamaraceite, a la altura de El Cardón, junto a la zona que ha pertenecido a la Marina, y es muy curioso e interesante un documento, concretamente se trata de un auto que sigue Domingo Galdós, vecino de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, contra Felipe Bosa, para que le deje libre un pedazo de tierra “donde nombran Ruiz Gallo o Gaio”, que llevaba a medias en el año 1804. En ese lugar fabricó una noria para proporcionar el riego a la Hacienda, y el mencionado Felipe Bosa, puesto allí por el citado demandante, “abusando de su confianza y lejos de cuidar de árboles y demás plantado, ha permitido que sean comidos por los animales y se ha atrevido a cortar la leña que ha producido en el contiguo terreno de La Abejera y la ha vendido sin mi permiso” por todo ello pedía que dejara libres la tierras, entregando la llave de la casa al nuevo medianero, para que pudiera cuidar los animales, el terreno y la noria. “No sólo se ha negado a abandonarla sino que ha impedido dar de comer a la vaca y becerra que tengo allí y se ha atrevido a plantar un trozo de papas y batatas, y le dije que podía venir a su recolección”. Todo eso sucedía el 1 de octubre del mencionado año.
Puerto de las Galgas - Siglo XVI
Puerto de las Galgas donde dicen la Era Cercada – 1556 a 1774.
El topónimo de Siete Puertas aparece en el siglo XVIII para sustituir, aunque a veces aparecen al unísono ambos topónimos, al primitivo del Puerto de las Galgas. La palabra Galga entre los canarios del siglo XVI tenía un significado totalmente diferente al actual, aunque en castellano tiene varias acepciones relacionadas con piedra, y en gallego significa: piedra que rueda monte abajo.
Ambos topónimos van a convivir a lo largo del siglo XVIII, para ir olvidándose del Puerto de las Galgas con el paso del tiempo.
  • Tinoca
El origen de este topónimo pudiera estar relacionado con Pedro Tinoco, aborigen que emigró hacia América en el año 1571; o bien con Juan Sánchez Tinoco, personaje que ya había fallecido en el año 1793, pues se habla de distintos bienes que le habían pertenecido, al menos creo que está relacionado con este apellido y pasó a llamarse Tinocas debido a que perteneció a la descendencia femenina y de ahí “tierras de las Tinocas”.



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